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Corea del Sur: elecciones cruciales para la región

  • Photo du rédacteur: diexel
    diexel
  • 7 mai 2017
  • 6 min de lecture

Tras la destitución de la presidenta Park Geun-hye por corrupción, pasado mañana se celebran elecciones en Corea del Sur. Aunque parezca no importarle demasiado a la prensa internacional, el resultado del voto del 9 de mayo tendrá importantes consecuencias para el futuro de la región.

Manifestacion para la destitucion de Park

Contexto

Antes que nada conviene tener algunos puntos de referencia históricos y en cuanto a la economía del país. Con el fin de la segunda guerra mundial, la península coreana se liberó del yugo de la ocupación nipona que duraba desde 1910. En su lugar entraron la URSS y EEUU que ocuparon el norte y el sur respectivamente, dividiendo los territorios por el famoso paralelo 38. El estallido de la Guerra Fría echó abajo el plan inicial de reunificar la península y así nacieron dos estados soberanos.


Al norte, una dictadura dirigida por Kim Il-sung basada en la doctrina Juche (inspirada del leninismo); al sur, un tímido esbozo de democracia que fracasó. Tras su victoria en las elecciones de 1948, Syngman Rhee estableció una dictadura nacionalista mientras que Estados Unidos hacia la vista gorda en acuerdo con la doctrina Truman de contención del comunismo. La tensión norte/sur se palpaba desde el primer instante, dado que ambas Coreas buscaban la reunificación, cada una bajo su sistema político. Así, en 1950, el ejército norcoreano apoyado por la URSS conquistó buena parte del territorio sureño. La rápida reacción estadounidense permitió recuperar el territorio perdido y tomar Pyongyang. La entrada en escena de las fuerzas chinas permitió reequilibrar la balanza y el toma y daca se terminó con el armisticio de Panmunjong en 1953.


Desde entonces, mientras que el norte eligió la autarquía, el desarrollo económico del sur ha sido fulgurante gracias a una liberalización bien controlada. Las autoridades de Corea del Sur lograron la transición de una industria básica a la alta tecnología y de mayor valor añadido (petroquímica, automóvil y electrónica fundamentalmente). El éxito económico surcoreano proviene en gran medida de la capacidad que tuvo el Estado para abrir su economía progresivamente promocionando las exportaciones con medidas que la OMC prohibiría hoy en día.


Como resultado, en los años 2000 la economía del sur era ya 6 veces mayor que la del norte habiendo partido desde el mismo peldaño. Eso sí, el poderío militar del norte es mucho mayor: Pyongyang destina el 25% del PIB al sector militar y tiene uno de los mayores ejércitos del mundo en número de soldados. Corea del Sur depende de la protección que le brinda EEUU. Una protección que resulta perturbadora para las potencias de la región.


Y con esto llegamos a lo trascendental.

El ajedrez de las potencias

Corea del Sur se ha convertido en un terreno en el que se juegan los intereses de grandes potencias.


La actual disputa gira en torno a la instalación del sistema de misiles antibalísticos americano Thaad (Terminal high altitude area defense) impulsado por las amenazas de Kim Jong-un. El ambiente tenso que respira la región ha incitado a Washington a ir más lejos todavía. Por ello ha mandado a Corea del Sur un portaaviones con capacidad para lanzar misiles con cabeza nuclear escoltado por la marina japonesa, y pretende introducir una unidad de drones de combate en la península. Estos movimientos incrementan la tensión prebélica y no gustan a los vecinos.


China y Rusia han prometido una reacción común en caso de instalación del Thaad, que consideran como una amenaza directa. Ambos creen que Estados Unidos está introduciendo su tecnología militar de punta en la región (que de hecho Trump quiere que paguen los surcoreanos) con la excusa de los misiles y el arma nuclear de Pyongyang. Pekín argumenta que las armas nucleares norcoreanas son juguetes comparadas con el arsenal americano, por lo que Pyongyang debe detener sus ensayos nucleares y tiros de misiles balísticos y Estados Unidos abandonar las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur. Además, insisten en la necesidad de una alianza Rusia-China-Corea del Norte frente a la de Estados Unidos-Japón-Corea del Sur.

No obstante, las alianzas mantienen un frágil equilibrio. En el primero de los casos no se trata realmente de una alianza. China y Rusia buscan una solución negociada para la no-proliferación nuclear en la región. La violación del Tratado de no proliferación nuclear los coloca en una posición delicada, viéndose obligados a no oponer su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y dejar a la comunidad internacional imponer sanciones económicas a Pyongyang. Cosa que Corea del Norte considera una traición.


Si el trio prooccidental parece solido por el apoyo militar que se brindan (con Japón renunciando a medias a su lógica pacifista), a Trump se le atragantan las relaciones económicas. Washington considera nefastos los excedentes comerciales que Corea del Sur mantiene con Estados Unidos. Por lo tanto queda pendiente el saber si Washington querrá renegociar el acuerdo de libre-comercio de 2007 o incluso suprimirlo. Las relaciones económicas entre Japón y Corea del Sur son intensas y ambos tendrían mucho que perder si se vieran afectadas por los conflictos que mantienen por ejemplo con respecto a la soberanía de algunas islas (como las islas Dokdo o Takeshima) en el mar de China.


En cuanto a Corea del Sur, que se encuentra actualmente sin presidente, se le ha tenido poco en cuenta en la toma de decisiones. El gobierno provisional considera la alianza con Washington primordial para su seguridad aun a costa de los perjuicios económicos colaterales que provocan las medidas chinas (cese de distribución de visados, periódicos apelando al boicot de productos surcoreanos…). El acuerdo de defensa mutua de 1953 permite a EEUU mantener sus bases militares y el envió de sus tropas. No obstante, una parte de la población se opone a la instalación del sistema Thaad iniciada el 2 de mayo. De hecho, es uno de los temas más recurrentes en el debate político. Las cosas podrían cambiar tras el 9 de mayo según quien salga elegido.

Elecciones del 9 de mayo

Moon Jae-in, del partido democrático, es el principal aspirante al puesto con su lógica rupturista que goza de un 30% de intención de voto. La apuesta de Moon depende de la obtención de la mayoría en el Parlamento. En cuanto al Thaad, ha denunciado que no se haya tenido en cuenta a la opinión del pueblo y ha declarado que el presidente electo debería ser quien decida en última instancia. Además, el candidato liberal parece más abierto a la negociación con los países vecinos con el fin de reducir la dependencia a Estados Unidos. Su elección podría significar un revés para Estados Unidos en menor grado pero similar a la pasada elección de Duterte en Filipinas.


Ahn Cheol-soo, del Partido del Pueblo (centro-izquierda) y que se oponía en un principio, ha moderado su posición en cuanto al Thaad diciendo que debería hacerse respetando el acuerdo bilateral así como midiendo el impacto medioambiental.


Del lado de los conservadores, el principal partido, Saenuri, se ha dividido en dos tras el caso Park Geun-hye: el partido Libertad Corea y Bareun. Sin ninguna referencia fuerte, muchos de los votantes conservadores no tienen claro a quién votar, cosa que favorece ampliamente a la oposición. Hong Joon-pyo y Yoo Seong-min, los dos candidatos conservadores han expresado su apoyo al Thaad esperando que esté completamente operacional a finales del año.


Por tanto, habrá que esperar al resultado de las elecciones del 9 de mayo que condicionará el futuro de la instalación del sistema de defensa y con él las relaciones en la región. Sin embargo, los desafíos en materia de asuntos exteriores al hastío del electorado por los casos de corrupción que favorece el gran poder que concentra la figura del presidente.

Todopoderoso Presidente

La función presidencial surcoreana está dotada de poderes muy extensos, sin que exista un mecanismo de control eficaz. Esto ha permitido numerosos casos de abuso de poder y conflicto de interés. Así las cosas, es natural que la prioridad del gobierno según los electores tenga que ser la lucha contra la corrupción, por delante del crecimiento económico, la mejora de las condiciones de vida o la reducción de la desigualdad según una encuesta de The Korean Economic Daily.


Kim Dae-jung, presidente entre 1998 y 2003, creó dispositivos como la Comisión de los derechos humanos cuyo objetivo consistía en proteger al ciudadano de los abusos de poder del Estado. Ahora bien, el presidente de dicha comisión era nombrado por el presidente de la república, al igual que uno de los 3 miembros permanentes. Roh Moo-hyun, presidente entre 2003 y 2008, procedió a la descentralización y redujo los poderes de la función presidencial. Aun así, se dejaba abierta la posibilidad de que otro presidente pudiera hacerse de nuevo con la casi totalidad de los poderes. Lee-Myung-bak, presidente entre 2008 y 2013, pudo fácilmente neutralizar la Comisión de los derechos humanos cambiando a su mandamás. Park Geun-hye, presidenta de 2013 a 2017 impuso por ejemplo unos nuevos manuales de historia en el sistema educativo concebidos por el Estado. El abuso de poder alcanzó su clímax con el reciente caso en el que la presidenta y su gremio manipulaban a placer las principales instituciones. Prácticas que le costaron el puesto cuando los 8 jueces del Tribunal Constitucional validaron su destitución por unanimidad el 10 de marzo de 2017.


Todo esto lleva a un profesor de la universidad de Chung-Ang, Shin Jin-wook, a hablar de democracia defectuosa. Para él, si los coreanos han logrado obtener el sufragio directo y alejar al Ejército de la política, los progresos en cuanto a garantía de las libertades y participación ciudadana han sido insuficientes, así como la repartición de las competencias entre las instituciones.



Por tanto, recaerá sobre los hombros del futuro presidente la paradójica misión de reducirse los poderes y hacer progresar el defectuoso sistema democrático.

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